La inconsistencia ideológica del kirchnerismo no es una novedad. Pero nunca llegó a tanto.

Ya está sobradamente probado que en los años del genocidio argentino los referentes del proyecto “nacional y popular” no estaban armando compañías de monte para pasar a la clandestinidad ni en La Plata ni en Santa Cruz. Que abrazaron la causa de los derechos humanos cuando llegaron al Gobierno nacional a principios de los 2000, pero no con la fe de los conversos sino con el cálculo frío de que, en la América Latina bañada en sangre por las dictaduras militares, embanderarse en la izquierda otorgaba fueros regionales. Hoy reivindican esos fueros con el nombre de “lawfare”: la Justicia no los investiga por la corrupción, sino que los persigue; y las pruebas documentadas son puro invento de los medios destituyentes.

Justamente, le pusieron un “cepo” al dólar, pero dicen “los cuadernos” de Oscar Centeno, chofer de Roberto Baratta y Julio de Vido, que no había inconveniente para llenar valijas con euros y llevarlas a la Quinta de Olivos, o al departamento de Juncal y Uruguay, durante las presidencias de Néstor y de Cristina Kirchner. Los bolsos con 9 millones de dólares de José López confirman la falta de densidad en la coherencia. Pero lo de esta semana fue otra cosa…

Porque las inconsistencias no sólo tenían que ver con los discursos. Néstor Kirchner, no sin razón, demonizó al Fondo Monetario Internacional y decidió que la Argentina dejase de formar parte de ese organismo financiero. Pero para ello le hizo al FMI una de las mayores contribuciones de la historia: le canceló una deuda de largo plazo y tasa barata de una sola vez en 2006, cuando le pagó 9.810 millones de dólares. Ese dineral se pagó con reservas y para compensarlas apareció el aporte de la Venezuela de Hugo Chávez, en favor de quien la Argentina emitió deuda sensiblemente más cara que la clausurada. Un hecho inconsistente con la prédica anticapitalista y la solidaridad revolucionaria. Pero lo del miércoles fue demasiado… Naturalizaron la inconsistencia hasta prevaricar la historia, sin siquiera advertirlo.

Porque, habrá que diferenciarlo, hay quiénes sí reparan en sus inconsistencias. Eso parecen advertir, esta semana, Juan Manzur y Osvaldo Jaldo, quienes tal vez notaron que la “separación” del binomio ha hecho caer al oficialismo en la inconsistencia. Con la elección del ombudsman, Jaldo puso a la Legislatura en contra de los intereses del gobernador y ganó el “Envido” en la segunda semana de este mes. Con el encolumnamiento del PJ en contra de los intereses de Jaldo (incluyendo legisladores, concejales y un estratégico intendente), Manzur ganó el “Truco” en la semana siguiente. Y aunque fue sólo la primera mano de una partida larga, la sangría fue descomunal. Y al final Manzur, por estas horas, no tiene abierto el camino a la reforma constitucional; y Jaldo, por estas horas, no tiene un bloque propio que le garantice el quórum para sesionar. Ambas cuestiones dependen hoy de la oposición.

Quizás están barajando para dar de nuevo. O quizás esta cuarta semana de marzo levantaron el pie del acelerador. Lo cierto es que, después de que lo manifestado por la Presidenta del Senado, la inconsistencia del PJ tucumano parece apenas un malentendido. Porque el miércoles, y en el acto por el 45 aniversario del golpe del 24 de marzo de 1976, Cristina Kirchner hizo un reproche imposible. Le recriminó a EEUU no haber estado, durante la última dictadura cívico militar, del lado de quienes derrocaron el tercer gobierno del peronismo.

Olvidaron el manual de uso

Para evitar las famosas acusaciones de que “fue sacada de contexto”, va el contexto y la frase completa. La Vicepresidente cuestionó que el “FMI haya retornado a la Argentina con una deuda de la que no se tiene memoria” y apuntó contra los Estados Unidos para pedirle un “gestito” a favor de Argentina. “Bancaron el golpe del 24 de marzo, bancaron a los ingleses en la Guerra de las Malvinas, y por si todo fuera poco, fueron centrales a la hora de que el Fondo Monetario violaría todos los artículos de su estatuto”, dijo textualmente ella.

Vamos por partes. Lo de que el golpe de 1976 fue apoyado por EEUU es incontestable. Tras el magnicidio que representó el asesinato de John Kennedy en 1963, EEUU enterró la política de los “buenos vecinos” (la “Alianza por el Progreso” fue su máxima expresión) y estrenó la del “Gran Garrote” (“Big Steak”). No sólo era más barato financiar golpes de Estado a través de las Fuerzas Armadas, en nombre de conjurar la expansión del comunismo en América Latina, sino que era más eficiente: el socialismo llegó a Chile a través de las urnas con Salvador Allende.

Pero lo dicho a continuación por la titular del Senado es mucho más que inverosímil. “Bancaron a los ingleses en la Guerra de Malvinas”, recriminó. ¿Y a quién se supone que tenían que apoyar? ¿A los genocidas que perpetraron la desaparición de 30.000 seres humanos?

Abstraigamos por un momento la complejidad de las relaciones internacionales. Para muestra, un botón: desde el inicio de la Guerra Fría, EEUU y Gran Bretaña integran la OTAN, organización que da operatividad al Tratado del Atlántico Norte, el cual establece que la agresión a cualquiera de sus miembros es considerada como un ataque a la totalidad de sus miembros, habilitando así el intervencionismo de la superpotencia que proclama la “Doctrina Truman”. Pero para no entrar en ese terreno, nos circunscribamos al discurso de la ex jefa de Estado. ¿Cuál es el reclamo a EEUU: no haberse puesto del lado de criminales culpables de delito de lesa humanidad en esa locura de guerra en la que embarcaron al país?

Para no caer en la trampa binaria, la opción que queda en el planteo de Cristina es que EEUU debió haber sido neutral. ¿Esa es la cuestión? Porque así como es una certeza histórica que EEUU sembró dictaduras en América Latina a modo de “golpes de estado preventivos”, también es canónico que los golpistas del genocidio argentino no fueron a tomar las Malvinas porque sufrieron un espasmo de patriotismo, sino porque buscaban que la recuperación de ese suelo patrio usurpado les diera una “pátina de legitimidad” en ejercicio. Legitimidad para ellos, los sanguinarios mutiladores de una generación, que carecían de cualquier legitimidad.

Luego, la derrota en Malvinas fue lo que precipitó la salida del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional. Eso y no otra cosa.

Entonces, ¿qué es lo que recrimina la ex Presidenta? ¿Que EEUU haya abortado la posibilidad de que los militares ganaran en Malvinas? O, para abrir la lente, ¿ahora resulta que la Guerra de Malvinas era correcta? ¿Era una causa americana legítima que merecía ser apoyada? ¿No era -para llevar el reduccionismo al paroxismo- que los golpistas eran los malos? ¿Este es el nuevo relato kirchnerista?

El problema de haber alquilado el discurso de los derechos humanos a principios de 2000 es que se olvidaron de pedir que les dieran el manual de usos y procedimientos. Entonces creen que lo pueden usar, literalmente, para cualquiera cosa. Porque el planteo en el discurso de Cristina, nada menos que en los actos del 24 de marzo, es, efectivamente, cualquier cosa.

La “Revolución” y la remera...

Para completar las inconsistencias, ese mismo día el Gobierno de Alberto Fernández retiró a la Argentina del “Grupo Lima” porque no está de acuerdo con aplicar sanciones al ilegítimo gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela. O sea, el 24 de marzo, el número 1 del país blanqueó que la Argentina está del lado de un gobierno dictatorial (Venezuela no tiene una democracia liberal), que se mantiene en el poder mediante elecciones desprovistas de toda garantía, y que ha violado de manera reiterada y sistemática los derechos humanos para perseguir y asesinar opositores. Todo lo cual, por cierto, no lo denuncia la derecha cipaya sino una figura de la centroizquierda latinoamericana: la ex presidenta chilena Michelle Bachelet. Su informe, por cierto, no le fue encargado por la banca JP Morgan, sino por la ONU, dado que ella se desempeña nada menos que como Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos

Fue durante ese día de miércoles cuando la número 2 del país se indignó con EEUU por apoyar a Inglaterra en Malvinas, en lugar de haberle permitido a la última dictadura triunfar nada menos que en esa guerra. En esa y no en otra. En esa.

Si esta es la “Revolución”, se van a empezar a popularizar los tatuajes Luis XVI de Francia. Y las remeras con el retrato del zar Nicolás II de Rusia prometen ser pasión de multitudes…